Hurtaron una bomba de agua de una pileta: detuvieron al ladrón cuando escapaba

Un hombre de 31 años, conocido por sus antecedentes delictivos, fue detenido ayer por la mañana en la intersección de las calles Las Provincias y Cucit, en San Pedro, acusado de hurto agravado. El individuo fue sorprendido por personal policial mientras transportaba una bomba de agua de piscina que había sustraído de una vivienda ubicada en la calle R. Naon al 2500. Según informaron fuentes policiales, el detenido habría ingresado a la propiedad mediante escalamiento, sustrayendo la bomba de agua y dándose a la fuga. Tras un operativo de búsqueda, fue interceptado por los agentes en la mencionada intersección, donde se procedió a su aprehensión y al secuestro del elemento sustraído.

Un Testimonio (por Eduardo Flores)

Enrique Ruggia, Graciela Rovini y Esteban Cuenca
Eduardo Flores, ex sacerdote, hoy residente en Brasil, dio a conocer, a través de integrantes del Foro por la Memoria, su testimonio sobre la vida de tres sampedrinos desaparecidos en la década del setenta.
En el texto que acompaña esta nota, Flores habla del “Grillo” Ruggia, Esteban Cuenca y Graciela Rovini.

"Quisiera hacer una reflexión, partiendo del recuerdo que tengo de tres de esos jóvenes sampedrinos que en el 74, 76 o 77 dieron su vida por la Patria. Me refiero al Grillo Ruggia, Esteban Cuenca y Graciela Rovini".
Los conocí cuando eran adolescentes, con 14 o 15 años. Estudiantes secundarios. Excepto a Graciela que junto con su madre y hermana fueron fundadores de la Parroquia San Pablo, en el 67, tanto a Ruggia como a Cuenca los recuerdo recorriendo el Barrio Obrero en el 70, tomando mate en ranchitos humildes o haciendo reuniones con los jóvenes del barrio.
Es el símbolo que vengo a rescatar, en nombre de la memoria histórica. ¡Eran adolescentes! Pero estaban preocupados por una llaga social, ignorada olímpicamente por la sociedad, que miraba para otro lado: Detrás del Hospital aquellas 40 casas a medio construir desde el 55, habían sido ocupadas de a poco por gente que no tenía donde vivir, y también se había formado un rancherío alrededor. Casi 200 familias, con una única canilla de agua en el medio del barrio. Ahí nomás, atrás del Hospital.
Esa situación fue la que sensibilizó a estos adolescentes, poniéndolos en contacto con una cruda realidad, despertando su conciencia social y su compromiso por transformar esa injusta realidad. Compromiso que cada uno de ellos, al igual que tantos otros, continuó viviendo por diferentes caminos, pero todos fieles a esa vocación militante de inserir lo personal en lo social, de ser actores y no meros espectadores de la Historia".